“De La Nave Nodriza sales con apetito profesional y de nuevos aprendizajes”

Cuando Manu Tejero se dio cuenta de que podía convertir el diseño gráfico de entretenimiento en profesión, apostó por ello. Después de una intensa trayectoria en sus primeros años de carrera, decidió dar el viraje al Diseño de Interacción y seguir formándose en diseño de productos digitales en La Nave Nodriza. “Usuarios, interacción, tecnología… eso es lo que me interesaba”. Este ha sido su camino.

¿Cómo llegaste al diseño?

Desde pequeño me gustaron los ordenadores y trabajar con ellos. Trasteando, descubrí el diseño gráfico, Photoshop era mi entretenimiento. Cuando conocí a alguien que se dedicaba a ello profesionalmente y me di cuenta de que podía ser un trabajo, decidí enfocarme en ello. Soy de Tarazona, un pueblo de Zaragoza. Cursé Diseño Gráfico en la Escuela Superior de Diseño de Soria. A Madrid llegué para hacer unas prácticas y fue lo que me abrió los ojos a cuáles quería que fueran mis siguientes pasos profesionales.

¿Y al diseño de productos digitales?

Después de la pandemia, tuve la suerte de encontrar un trabajo en un estudio llamado Paseo. Yo hacía branding, pero allí también hacían producto digital y ese fue mi primer contacto. En la carrera apenas me habían enseñado un poco de web. Me di cuenta de lo diferente que es ese diseño del diseño de marca que había aprendido hasta entonces. Hablaban de usuarios, de tecnología, de interacción, de usabilidad… Eso era lo que me interesaba.

Estuve dos años trabajando como freelance, colaborando con una agencia de México. Fue un tiempo de mucho aprendizaje pero al cabo de dos años me sentía estancado y sin motivación. Fue en ese momento en el que decidí cambiar de aires y comenzar una formación en producto digital. Tras un tiempo de búsqueda y varias recomendaciones decidí apuntarme al curso de diseño de productos digitales de La Nave Nodriza.

¿Y lo encontraste?

Totalmente. Lo primero que me aportó ser estudiante del Programa fue un cambio de chip. Después de dos años trabajando desde casa para otro país, llegar y tener toda esa interacción humana, conocer gente que tiene las mismas inquietudes que tú y muy cerca de casa … ¡era la leche! Recuerdo ir los primeros fines de semana a clase con muchísima ilusión, no solo porque era algo que me iba a ser útil, sino también porque me lo iba a pasar muy bien.

¿Siempre viste claro que ibas a elegir el diseño de interacción?

Sentí que era lo natural, tenía sentido seguir esa trayectoria esa rama. Y tuve mucha suerte de que, en paralelo a empezar a estudiar en La Nave Nodriza, empecé a moverme para cambiar de trabajo y me llamaron para un perfil visual en Mendesaltaren. Es un estudio enfocado en productos digitales, así que estar formándome en eso era algo muy interesante. Ahora tengo un perfil híbrido, estoy en proyectos de branding y también en proyectos de producto, en algunas partes del proceso. Haber pasado por La Nave me ha hecho anclar términos y poder entender mejor esos procesos.

Tu proyecto de fin de curso, Hesty, estaba muy trabajado no solo a nivel de la interacción sino también desde un punto de vista estratégico, con un trabajo de reflexión y de investigación importante.

Es algo que he hablado con las coordinadoras: aunque hagas la especialización de Diseño de Interacción, en el Programa de Diseño de Experiencia de Usuario también puedes aprender un montón de diseño estratégico, de profes y de compañeros… En el caso de Hesty, al tener más experiencia en la parte visual, quise potenciar en mis proyectos la parte estratégica. Creo que elegir un itinerario no te excluye de poder seguir aprendiendo del otro. Y en general el curso te pone en una posición de poder seguir adquiriendo conocimiento y creciendo como profesional. Y desde luego sales con mucho apetito.

La Nave te aporta conocer gente nueva, salir de tu espacio de confort. Todas esas cosas suman, mucho más que el mero conocimiento. Si alguien se lo está pensando, le animaría rotundamente a probarlo.