“Sin la mentalidad adecuada, es imposible actuar de forma exitosa”

Después de trabajar cerca de disciplinas tan diversas como el marketing, el diseño o la tecnología, ¿cómo crees que se podrían beneficiar los diferentes sectores poniendo en práctica el Research Exploratorio en su organización?
Más allá de la los elementos concretos de esas disciplinas, creo que todas ellas comparten un gran grueso común: todas se desarrollan bajo una lógica de «proyecto». Esto implica trabajar con incertidumbre. Normalmente se conoce poco del contexto del proyecto, es necesario ir tomando decisiones en tiempo real, se plantean soluciones inéditas… Además, todos estos sectores son altamente competitivos, y la presión por innovar y empujar los límites de la solución técnica es muy acuciante.
Esta es la tormenta perfecta para el research exploratorio, porque la premisa de este tipo de investigación no es buscar, sino encontrar. Esta afirmación puede parecer un juego semántico, pero no lo es; de hecho, marca toda la diferencia. Cuando nos movemos en entornos inciertos, la investigación es la única herramienta de la que disponemos para reducir esa incertidumbre: nos ayuda a tomar decisiones más certeras. Pero claro.. ¿cómo y qué investigas cuando no conoces el contexto? Ahí está el matiz. Investigar buscando implica que conoces a priori el objeto a investigar. En cambio, investigar explorando es tener la mirada abierta para ir encontrando objetos de interés a lo largo de ese camino. El research exploratorio es especialmente relevante en los inicios, cuando sabemos poco o nada del proyecto en el que vamos a trabajar.
Por cierto, y esto daría para otra conversación, la innovación casi siempre surge desde la exploración. Es precisamente desde el hallazgo sorprendente desde donde podemos llegar a soluciones novedosas de alto valor.
Tu módulo en el curso está enfocado en la mentalidad exploratoria. ¿Puedes contarnos un poco más sobre esto?
La mentalidad es fundamental porque, sin ella, el resto de elementos no pueden desplegarse correctamente. Por eso, me gusta mucho una cita de La Eneida de Virgilio que refleja perfectamente esta idea: ‘Pueden porque creen que pueden’. Sin la mentalidad adecuada, es imposible actuar de forma exitosa.
Profundizando en los aspectos que conforman una correcta mentalidad exploradora, yo diría que el más importante es el de entender que se trata más de «un arte que una ciencia», y que por tanto, no hay una receta precisa y exacta de éxito. Dicho esto, con ello no quiero sugerir que como no es posible un control absoluto, es mejor entregar la actividad al azar. Para nada: hay mejores y peores formas de hacer research exploratorio. De hecho de esto va precisamente el curso, y en concreto, mi módulo. Por dar algunas pinceladas, menciono tres aspectos clave:
- Concebir la planificación de forma más laxa. Es decir, no se trata de ver el plan como un mandamiento al que seguir a toda costa, sino como un instrumento que puede (y debe) evolucionar durante el proceso.
- Interiorizar una serie de actitudes que nos hacen más proclives a una actividad exploradora de calidad. Por ejemplo, apertura a la experiencia, observación no juicios o flexibilidad cognitiva. ¿Cómo vas a descubrir cosas nuevas si te encierras en tus propios sesgos, gustos o puntos de vista?
- Gestionar la «emergencia». Decíamos antes que explorar por definición es investigar aquello que se desconoce, con lo cual, lo normal es que durante el camino emerja nueva información. Información que se supone que deberíamos integrar en el proyecto de algún modo, ¿verdad? Esto conecta directamente con el primer punto de la planificación más laxo. ¿Qué sentido tiene seguir apegado al plan inicial si por el camino ha surgido nueva información que nos abre nuevos y más informados puntos de vista? Es mejor adaptarlo y cambiarlo tantas veces como sea necesario.

Por lo que nos cuentas, ves la docencia como una forma de exploración y aprendizaje mutuo. ¿Qué esperas de este programa?
Espero aprender mucho porque, aunque como profesor me toca establecer el punto de partida, el proceso de conocimiento siempre se da en una lógica de intercambio. Esto ya nos lo enseñó Platón hace 2400 años.
Tirando de referentes más contemporáneos, este aprendizaje me vino dado por una experiencia profesional anterior a Telefónica, donde trabajé mucho con el paradigma de «innovación abierta». En la innovación abierta se parte de la premisa de que todos los agentes que rodean una organización tienen un conocimiento único de la misma, y por tanto, todos ellos tienen un valor único y genuino para innovar.
Con la formación ocurre lo mismo. Puede que yo, en mi condición de profesor, fije las condiciones de partida; pero a partir de aquí, la conversación evoluciona de forma orgánica, y por ende, el conocimiento final se forma con la contribución, los puntos de vista y las experiencias de los estudiantes. A veces para matizar, otras para discrepar o aportar casos particulares. En esa experiencia yo también me moldeo, y en consecuencia, mis argumentos sobre la materia también. Socializar el conocimiento es imprescindible. Por eso, como profesor, enfoco el propio curso con «mentalidad exploradora».
Por parte de los estudiantes, más allá de los conceptos concretos, me gustaría que se quedaran con la idea de que el conocimiento empieza y termina en la praxis. Y que por mucho que uno aprenda, por ejemplo, cómo hacer teóricamente una buena entrevista, uno no sabe verdaderamente cómo hacer una entrevista hasta que no ha hecho muchas. Esta realidad también resulta evidente en otros aspectos de nuestra vida más cotidiana: ¿nos atreveríamos a decir que sabemos besar cuando conocemos toda la teoría alrededor del beso pero nunca antes hemos besado? Yo claramente no. El saber teórico (knowing-what) y el saber práctico (knowing-how) no son equivalentes. Las experiencias sensibles son irreductibles, y por tanto, trascienden todo conocimiento teórico o proposicional. Yo en esto me considero radicalmente empirista. El papel que yo le otorgo a la teoría es el de servir (guía, marco, apoyo…) a la experiencia.
Por último, ¿personalmente cómo impulsas la mentalidad exploratoria en tu día a día?
Fundamentalmente, exponiéndome a tantos estímulos culturales como puedo. La vida está llena de oportunidades para descubrir; incluso en las actividades más rutinarias fuera del entorno laboral: un paseo, una conversación… El objetivo ya está allí y solo necesita ser mirado con ojos suficientemente atentos. Yo hablo mucho de la mirada desacostumbrada, que es precisamente eso. Mirar las cosas de forma novedosa, inocente… como quien mira por primera vez. Creo que tener esta habilidad, en mayor o menor grado, es fundamental. Además de hacer la vida más agradable y placentera.
También creo que es importante salir de nuestra burbuja de gustos. Soy de la opinión de que de vez en cuando —y aquí que cada persona encuentre su temperatura— es bueno exponerse a estímulos que nos queden lejos; incluso que sean antagónicos, si lo llevamos al plano ideológico. Yo lo intento hacer, al menos. Se aprende mucho desde la condición de “outsider”.
En parte por esa razón no concibo el consumo de productos culturales como actos puramente identitarios (o no solo). Creo que los modos de relación con un producto cultural pueden ser mucho más amplios. Yo muchas veces los utilizo con fines instrumentales. Por ejemplo, cuando estoy leyendo un libro con tesis distintas a las mías, estoy utilizando el libro como vehículo de reflexión y diálogo. Luego, el libro que estoy consumiendo no habla necesariamente de quién soy yo como persona. Esta distinción es importante, porque nos libera de consumir solo aquello que nos afirma y nos permite explorar territorios intelectuales diversos, evitando así los puntos ciegos epistemológicos.
En resumen, creo que la mentalidad exploradora se cultiva principalmente en todos aquellos espacios fuera de lo que se supone que es útil, necesario y cercano. Siempre he creído que lo verdaderamente interesante está fuera.
