“La tecnología construye, el diseño da sentido y el negocio decide qué merece la pena”

Hablamos con Manu García-Lechuz, Business Design and Venture Building, y con Lucas del Corral, emprendedor y Venture Builder, docentes del Taller de Diseño de Negocio, sobre por qué las personas de tecnología necesitan saber de business design.

¿Cuáles son vuestros perfiles y cómo llegasteis a dedicaros al Venture Building?

Manu: Yo soy arquitecto, con vocación artística y simpatía por la literatura infantil. Cuando me di cuenta que mi capacidad de gestión de la complejidad iba más allá de la arquitectura, probé con proyectos de investigación urbana que me permitieron entender otra forma de trabajar y a través del programa de Diseño Estratégico de la Nave Nodriza en 21-22 entendí de qué iba esa nueva forma de hacer. Durante el mismo programa me choque con el negocio como algo totalmente ignoto y me dije “en eso que no entiendo ahí quiero estar”, con ello vino la oportunidad de incorporarme al equipo de Byld en el que ahora mismo soy Innovation Building Lead y donde junto a Lucas desarrollamos proyectos de construcción de nuevos negocios e innovación estratégica junto a grandes corporaciones.

Lucas: Soy financiero de formación, pero emprendedor de vocación. Antes de dedicarme al venture building fundé varias startups. Entre ellas UGOGO, una healthtech de cuidado domiciliario de personas mayores, y Timesapp, un SaaS para evitar filas en tiendas y centros de atención. Algunas funcionaron, otras no, pero todas me enseñaron lo mismo: que un buen producto no alcanza si no entiendes el mercado, el modelo de negocio y al cliente de verdad. Ese recorrido de caerme, iterar y volver a empezar fue lo que me trajo a Byld, el primer corporate venture builder de España, donde hoy co-creamos negocios desde cero con corporaciones.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de business design, realmente se pueden diseñar?

Cuando hablamos de Diseño de Negocios nos referimos a aplicar un proceso estructurado [con fases, herramientas y criterios]  para crear negocios nuevos.  No es magia ni inspiración: es método(-logía). En nuestro caso seguimos un framework de cuatro etapas: Market Discovery, Problem Discovery, Solution Discovery y Validation Loops. Primero entiendes el mercado y detectas oportunidades; luego investigas problemas reales de personas reales que merezca la pena resolver; después encuentras/diseñas soluciones que generen valor; y finalmente las validas con datos y testeo de mercado antes de escalar.

¿Por qué las personas de tecnología necesitan saber de negocio?   

El perfil técnico que entiende de negocio toma mejores decisiones: sabe priorizar funcionalidades por impacto y no solo por complejidad técnica; entiende por qué un MVP no necesita ser perfecto; puede sentarse con un stakeholder y hablar de unit economics, Coste de Adquisición de Clientes o LifeTime Value sin perderse. En Byld trabajamos como “builders”, constructores que combinan negocio, producto y growth precisamente porque las mejores ventures nacen en la intersección de esas disciplinas, no en silos. Manu como arquitecto además siempre dice que somos constructores pero con el global de lo que tenemos que construir en la cabeza, es decir, con mentalidad de arquitectos.

 ¿Qué pasa si el diseño no tiene en cuenta el negocio? 

Pasa que creas algo bonito que no es sostenible. O útil pero que nadie paga. O peor: algo que funciona técnicamente pero que el mercado no necesita. Cuando el diseño ignora el negocio, se pueden dar varios escenarios: inviertes meses de desarrollo en algo que no tiene mercado; defines una propuesta de valor genial pero sin un modelo de monetización claro; o diseñas una experiencia que encanta al usuario en tests pero que tiene un coste de adquisición insostenible.

Cuéntanos una historia u ocasión en la que no han salido las cosas como era de esperar, porque no se tomó en cuenta el negocio

Lucas: Incomodarte. Un evento artístico que organizábamos cada dos semanas en un bar de Madrid. Nació de algo muy simple: un amigo escribía poemas muy bonitos pero no tenía dónde compartirlos, la energía de estos eventos fue increíble, siempre a sala llena.
Pero no pensamos en el negocio. No había modelo de ingresos ni forma de recompensar el esfuerzo del equipo. Después del tercer evento, la gente del staff empezó a faltar por tener otras prioridades y compromisos. Así el espacio se fue apagando. Es justo lo que enseñamos en el taller: puedes tener una propuesta de valor que a la gente le encanta, pero si no piensas en la viabilidad del modelo, no se sostiene. Si hubiésemos dedicado algo de tiempo a diseñar el negocio (entrada, sponsors, algo), ese espacio seguramente seguiría vivo hoy.

Manu: Nos encontramos mucho en Byld que la innovación no es solamente una cuestión de asunción de riesgo por parte de las empresas y corporaciones para las que trabajamos sino también de madurez en esa innovación. En ese sentido tenemos ejemplos de proyectos que hemos construido con gran capacidad para crear negocios rentables y escalables que, precisamente porque el negocio que tenía que lanzarlos no se conocía a sí mismo para saber cómo o dónde los iba a alojar dentro de la compañía, terminaron en un cajón o en una promesa de taquillazo sin fecha de estreno. Esto es también tener en cuenta el negocio, no sólo juegas con las reglas de lo que hay fuera, también tienes que ser maduro y realista con lo que eres capaz de impulsar desde dentro.

El negocio, son intercambios de valor pero son primero de todo relaciones y personas, y la innovación hoy en día debe priorizar la pervivencia de las (nuevas) soluciones en el tiempo antes que pretender disrumpir como premisa de progreso o posicionamiento.