“Lo que transforma realmente las organizaciones es poner a las personas en el centro”

Keka Puchades ha hecho de la conexión entre estrategia, creatividad y personas su propuesta de valor profesional. Es cercana y tiene un amplio recorrido impulsando equipos hacia nuevos caminos, y este año asume la coordinación del Programa de Liderazgo Creativo, Rondas.

Comenzaste trabajando desde el craft en diseño y en negocio y con los años te has especializado en la gestión de diseño. ¿Qué papel juega la creatividad cuando se trata de transformar organizaciones y culturas?

Yo empecé mi carrera como UX y me dedicaba sobre todo a prototipado y arquitectura de información, luego poco a fui virando hacia el research y diseño de servicios, y en todas esas fases aprendí que lo que transforma realmente las organizaciones es poner a las personas en el centro, y esto implica empatizar con clientes y usuarios, pero también con empleados.

Empatizar así nos lleva a cambios reales en todos los aspectos de los productos y servicios que ofrecemos, y lograr que los empleados de una organización entiendan y trabajen así, transforma la percepción de la marca de manera radical.

En La Nave te conocemos de cerca y sabemos que siempre has puesto el foco en tu propósito de mantener a las personas en el centro, ¿Cuál ha sido la clave en los más de 25 años que llevas liderando proyectos en Capgemini, Idean y ahora en frog?

Considero que la clave es el equilibrio entre las personas en el centro y otros factores que definen el éxito y la continuidad de los equipos y proyectos como el entendimiento del negocio, lo que las organizaciones realmente necesitan, los resultados (esos números que a los creativos nos dan alergia) y una visión clara y objetivos comunes.

Quienes han trabajado contigo destacan tu capacidad de generar confianza y cuidar del equipo sin perder de vista el impacto en negocio. ¿Cuál es el secreto?

No es un secreto porque es precisamente la transparencia. Yo soy una persona con mucha facilidad para estar cerca del equipo y las personas, entender sus necesidades y sus dificultades, y así establecer redes sólidas. Es parte de mi vocación. Pero a menudo me encuentro con que las personas no comprenden las implicaciones de su trabajo en los resultados, cómo se venden los proyectos, por qué un modelo de negocio es así, e incluso cómo funcionan las subidas salariales.

Compartir esa información, respetando los niveles de madurez de cada uno obviamente, hace que todos compartamos la visión del impacto en el negocio y el funcionamiento de los sistemas, lo que nos ayuda mucho a mejorar día a día y cumplir con un objetivo común.

En el podcast Dirigir Diseño con Mariano Sarmiento, hablas del diseño no solo como disciplina, sino como una herramienta de liderazgo. ¿Qué significa para ti liderar desde el diseño?

Considero que liderar es acompañar y ser parte de un equipo al que ayudar a crecer, y para eso hay que entenderlo bien.

Los equipos de diseño tienen sus propias características, desde la actitud hacia el craft hasta lo que esperan de una organización, y hay que comprenderlos para lograr un encaje transformador de las compañías.

Este año coordinas Rondas el Programa de Liderazgo Creativo de La Nave Nodriza junto a Isa Ludita ¿Por qué crees que es una oportunidad única para quienes se plantean unirse?

El rol de líder conlleva muchos retos, y más en profesiones como la nuestra que son relativamente nuevas. A veces nos encontramos con que no tenemos referentes que hayan recorrido el camino antes que nosotros. No se trata tanto de aprender a ser líderes creativos desde cero, sino de acceder a una comunidad de personas en situación similar a la nuestra.

Rondas ofrece un modelo de aprendizaje conjunto, un espacio seguro, en el que reflexionar y discutir diferentes maneras de hacer las cosas, elegir qué nos quita el sueño y trabajar sobre ello… Me parece una oportunidad que hay que aprovechar.

“No entiendo una forma de facilitar y liderar en la que no exista el cuidado”

Camila Jáuregui tiene carrete para contar su experiencia con nosotras y está preparada para lo que viene. Ha sido grumete, parte del equipo de La Nave y ahora coordinadora del Programa de Diseño de Experiencia de Usuario 

Estamos muy orgullosas de haberte acompañado en tu formación de Diseño Estratégico, trabajar contigo como compañera y ahora tenerte como coordinadora del Programa. Eres parte fundamental de La Nave. ¿Cómo lo vives tú?

La Nave ha sido –y sigue siendo– un lugar de conexiones. He conocido a muchas de mis personas favoritas, me he encontrado con una forma (o muchas) de ver la vida personal y profesional que me inspiran e, incluso, he descubierto muchas cosas de mi misma. Es un espacio de crecimiento en todos los sentidos y, sobre todo, un entorno donde hacerlo muy bien acompañada.

La verdad es está siendo muy bonito poder ser parte de esta comunidad desde distintos roles y en momentos de mi vida. Estoy muy emocionada de entrar en esta nueva etapa como coordinadora y poder acompañar a personas a vivir ese proceso que fue tan transformador para mí hace unos años.

Desde que te graduaste en comunicación social, has tenido una rica trayectoria profesional como gestora cultural, en marketing, gestionando comunidades, definiendo procesos… ¿Cómo integras toda esta experiencia en tu puesto actual?

Creo que gracias a haber pasado por contextos tan diversos (contaría también con unos años en hostelería, trabajo en producción y un continente nuevo) tengo una visión integral que me ha permitido moverme con soltura en diferentes entornos. Eso que en algún momento se sentía como una carrera profesional “poco definida”, en perspectiva, ha sido un proceso de ir desarrollando habilidades que han ido definiendo mi carrera como diseñadora un pasito a la vez.

Haga lo que haga, a día de hoy, pienso que se centra sobre todo en las relaciones. En cómo trabajar con las demás, en cómo construir contextos donde las personas y las formas de relacionarnos tengan un papel central. Por supuesto, una reflexión que tiene mucho que ver con el mundo que quiero vivir.

Además, en un momento en el que los roles profesionales están en constante transformación, me ha hecho verme más como una persona que crea y hace que sucedan las cosas y no como un perfil con funciones cerradas. El título de diseñadora me ha permitido dar un contenedor a ese “hacer cosas”, que no había encontrado antes. Aún así, siento que seguiré evolucionando –como ha sido hasta ahora– hacia donde me guíe la curiosidad.

El cuidado que has mostrado en todo momento por la comunidad nodriza te ha posicionado como una guía referente que acompaña procesos de trabajo y equipos. ¿Cómo dirías que es de importante esta soft skill en puestos de facilitación y liderazgo?

La verdad es que por algún tiempo me peleé con que fuera algo que me identificara, porque sentía que de alguna forma hacía de menos mis otras habilidades. Pero luego entendí que, al contrario, es un potenciador y una base sólida que permite que todo lo demás florezca y que al final del día, hace más amable, más bonito y más divertido todo lo que hacemos. Y si no es así, ¿para qué?

Creo que el cuidado es un innegociable para mi en cualquier escenario. No entiendo una forma de facilitar y liderar en la que no sea primordial escuchar las necesidades de las personas y de apoyar desde donde sea posible. Además, creo que no es algo que deba ser necesariamente happy flower. El cuidado es empatía, escucha, contención, pero también es asertividad, límites e, incluso, saber habitar el conflicto.

Has vivido durante tres años los nervios del primer día del Programa de Diseño de Experiencia de Usuario y has vivido la evolución de los grumetes a lo largo de 8 meses. ¿Qué le dirías a una persona que está pensando en subir a bordo?

Que se entregue y confíe en el proceso. La experimentación, las obsesiones, los vínculos que se crean en esos meses y las crisis que inevitablemente surgirán, son todo parte de la ecuación. Puedo contar de primera mano que el Programa es una experiencia bastante intensa en emociones, intelecto y energía, pero creo que es un momento en el que vale la pena sumergirse por completo. Realmente merece la pena vivirlo y disfrutarlo.

Y si pudiera sumar otro consejo, diría que tengan paciencia. Confirmo las palabras de nuestra capitana: Es un proceso que dura, al menos, dos años. Al principio se siente que pasa todo rápido, que no llegas a todo, como un remolino, pero luego cuando baja el ritmo sigues viendo como poco a poco se desdobla.

Sin duda, el mantra es trust the process.

Para terminar, estamos haciendo desde La Nave un pequeño research para conocer cuál es el objeto o el servicio que más rabia te da por su ‘mal diseño’ en tu día a día… ¿Nos podrías decir solo uno?

Ahora mismo estoy un poco atravesada con los sistemas de salud (públicos y privados). El descuido, lo poco intuitivo, la falta de empatía que veo, en cosas más y menos importantes, en uno de los momentos más vulnerables de las personas me pone un poco mala, la verdad.

Si lo tuviera que resumir en un touchpoint sería el momento de ser atendida por el médico. Un protocolo que debería ser fundamental —lenguaje claro, instrucciones concretas, atención empática— termina siendo una experiencia confusa, distante y, en algunos casos, hasta desagradable.

Y eso en lo que considero más básico. No entremos en aplicaciones, sistemas para agendar citas, etc., porque #ausilio.

 

Conoce a Camila en la sesión informativa del martes 16 de septiembre o reserva con nosotras un consultorio escribiéndonos a cuentame@lanavenodriza.com

“Enseñamos cómo pensar con herramientas de IA Generativa, no solo cómo usarlas”

Hablamos con Dani Seuba, Head of Strategy en Cloud District y docente de IA Generativa en Acción sobre cómo diseñar formaciones vivas, críticas y conectadas con la realidad en un contexto donde las herramientas cambian a gran velocidad.

Desde la primera edición de vuestros talleres en noviembre de 2022 hasta hoy, ¿cómo ha evolucionado vuestra manera de enfocar las formaciones en IA generativa?

Lo que empezó como una primera inmersión casi intuitiva, con mucha curiosidad y algo de vértigo, se ha convertido con el tiempo en una estructura más sólida, más consciente y conectada con la realidad de quienes se están formando.

Desde entonces, cada nueva edición ha sido una oportunidad para revisar fundamentos, actualizar contenidos y —sobre todo— devolver todo lo que investigamos como equipo a la comunidad. Porque entendemos estos talleres no sólo como momentos de formación, sino como una forma de hacer pública una investigación continua que hacemos en paralelo con nuestro trabajo diario. Documentamos lo que probamos, lo que falla, lo que se transforma. Y eso, a su vez, nos obliga a mantener todo el curso vivo, actualizado y conectado con lo que realmente importa.

Con herramientas que cambian cada semana, ¿cómo se puede diseñar una formación sin quedarse obsoleta al mes siguiente?

La clave está en no quedarte solo en el cómo, sino trabajar también el para qué. Nos encanta jugar, experimentar, invertir horas probando una herramienta nueva o empujando los límites de un modelo. Pero también sabemos que ese juego tiene sentido si después lo aterrizamos, si lo observamos con mirada crítica y lo ponemos en diálogo con una necesidad concreta.

Nuestro enfoque combina esa parte lúdica —la del laboratorio, la del “¿y si…?”— con una obsesión por estructurar, documentar, y traducir esos hallazgos en experiencias formativas útiles. Enseñamos cómo pensar con estas herramientas, no solo cómo usarlas. Y eso hace que el curso aguante mejor el paso del tiempo. Porque las interfaces cambian, pero las preguntas estratégicas siguen ahí.

¿La IA es nuestra enemiga, nuestra aliada creativa, nuestra competencia laboral…? ¿Qué postura defendéis en vuestros talleres?

No hay una sola respuesta, y nos parece sano reconocerlo. Lo que sí tenemos claro es que no se puede entrar en este tema desde una ingenuidad tecnológica. No se trata sólo de “aprender a usar ChatGPT”, sino de entender las implicaciones más profundas de trabajar con sistemas generativos.

Por eso en cada edición abrimos espacio para hablar de ética, de propiedad intelectual, de sesgos, de sostenibilidad, de legislación. De todo ese marco que a veces se pasa por alto, pero que es crucial para que podamos incorporar esta tecnología de forma sana, crítica y responsable. Para nosotros la IA puede y debe ser una aliada, pero no lo será si no entendemos bien el terreno en el que estamos pisando.

¿Qué aporta vuestra experiencia en proyectos reales y vuestra conexión con La Nave Nodriza a este tipo de formación?

Aportamos perspectiva. Hemos estado en proyectos donde la IA no era una promesa, sino una herramienta real para resolver problemas complejos. Y eso te da una sensibilidad distinta: sabes cuándo tiene sentido aplicarla, cuándo conviene esperar, y cómo afecta a los equipos, a los procesos, a los productos.

Además, compartimos con La Nave Nodriza una forma de pensar centrada en el diseño estratégico: no se trata solo de aprender a usar una tecnología, sino de preguntarse para qué, en qué contexto, con qué impacto. Ese enfoque —cruzado entre diseño, innovación y pensamiento crítico— es el que impregna nuestros talleres. Queremos que la gente salga no solo con habilidades, sino con criterio.